Nos ofrece Nati Cañada un mundo reposado y distante donde
el recuerdo, la ensoñación, la ausencia, el tiempo,
nos asoman a los llímtes de una realidad siempre trascendida.
En sus cuadros, de minucioso tratamiento, hay un apaciguamiento
de los fondos
en los que la desmaterialización de lo real es constante.